¿Necesita tu organización una narrativa alineada? Señales, claves y caminos hacia la coherencia

En los movimientos sociales, cada organización cuenta con su propia voz. Pero cuando esas voces no están alineadas, incluso los mejores mensajes pueden perder fuerza. La alineación narrativa es una herramienta estratégica que permite que distintas organizaciones, causas y liderazgos avancen juntas hacia una misma visión, sin sacrificar su diversidad.

Esta metodología resulta especialmente útil para organizaciones que trabajan en múltiples temas (salud, medio ambiente, juventud, cuidados, justicia económica, etc.) y que a veces no saben cómo justificar que todos esos temas estén dentro de una misma agenda institucional. Una alineación narrativa permite conectar esos temas a partir de valores comunes, mostrando cómo responden a una misma visión transformadora.

Desde la organización Narrative Initiative, se propone un marco para lograrlo: La Estrella del Norte Narrativa. Esta estrella no es un mensaje, ni una campaña. Es una orientación compartida. Una visión de mundo que articula los valores que sostienen el cambio social.


¿Qué es una Estrella del Norte Narrativa?

Es una guía que ayuda a alinear narrativas diversas bajo un horizonte común. Se construye desde valores fundamentales (como el cuidado, la justicia, la dignidad o la comunidad) que pueden expresarse en muchas formas, pero que mantienen el rumbo.

Por ejemplo, la red del Green New Deal en EE.UU. adoptó como Estrella del Norte la frase: «una buena vida para todos», sostenida por tres narrativas profundas: reparar, cuidar y preparar. Esto les permitió conectar la justicia ambiental con la justicia laboral, el derecho a la vivienda o el reconocimiento del trabajo de cuidados.


¿Por qué es importante alinear la narrativa?

Antes de entrar en las claves, vale la pena ilustrar por qué esto es importante. Muchas organizaciones enfrentan tensiones internas o incoherencias externas cuando no tienen una narrativa alineada:

  • Un equipo diseña una campaña de juventudes que apela a la rebeldía y al cambio radical, mientras otro promueve una agenda de incidencia con tono técnico y lenguaje institucional. Ambos mensajes vienen de la misma organización, pero parecen de mundos distintos.
  • Una OSC trabaja en salud sexual, justicia climática y derechos laborales, pero su sitio web y redes sociales no explican qué une esos temas. Desde fuera, parece una «ONG que hace de todo» sin foco.
  • En una coalición, cada organización impulsa sus propios marcos narrativos sin un horizonte común, lo que dificulta la articulación de campañas compartidas.

La alineación narrativa no elimina estas diferencias, pero permite que tengan coherencia.

Cinco claves para empezar una alineación narrativa en tu organización o red

1. Comprensión compartida Antes de alinear, hay que entender qué es una narrativa. No es lo mismo que un mensaje. Una narrativa es el conjunto de historias, valores, marcos y significados que moldean lo posible, lo que la gente cree que es deseable, justo o inevitable. Por ejemplo, la narrativa de que «el cuidado sostiene la vida» puede conectar temas tan distintos como salud, medio ambiente y economía. En cambio, un mensaje es una formulación específica y puntual dentro de esa narrativa, como decir: «Cuidar a quien cuida es invertir en el futuro». El mensaje transmite, la narrativa transforma.

2. Participación transversal La narrativa no es tarea exclusiva del área de comunicación. Involucra a quienes diseñan política, hacen organización comunitaria o lideran desde la base. La participación de la dirección o liderazgo institucional es fundamental: sin su involucramiento, las narrativas pueden fragmentarse o quedarse en el nivel operativo. Cuando la dirección se compromete con una visión narrativa, ayuda a garantizar coherencia en la toma de decisiones, en la comunicación externa y en la articulación con aliados.

3. Confianza en red Las narrativas no se imponen desde arriba. Se tejen desde la experiencia, la escucha y la co-creación. Es especialmente importante incorporar las voces de quienes trabajan en campo, ya que son quienes están en contacto directo con las comunidades, escuchan sus historias, enfrentan las tensiones cotidianas y reconocen con claridad qué narrativas resuenan (o no) en los territorios. Su visión aporta realismo, empatía y sentido de urgencia a la construcción colectiva de sentido.

4. Autoría desde la base Quienes han sido más afectades por narrativas excluyentes deben ser protagonistas en su reescritura. Esto implica no solo consultarlos, sino involucrarlos activamente en el diseño, validación y despliegue de las nuevas narrativas. Sus experiencias, saberes y visiones ofrecen una perspectiva profundamente enraizada en la realidad, lo cual es indispensable para que la narrativa tenga legitimidad, resonancia y capacidad de transformación. Además, al integrar su voz, se evita la reproducción de jerarquías tradicionales en las que las narrativas son impuestas por quienes concentran poder institucional o de comunicación.

5. Proceso vivo Una Estrella del Norte es flexible. No es un eslogan, sino una guía que puede expresarse en comunicación estratégica, acción directa, cultura o política pública.


Un ejemplo práctico: de la fragmentación a la coherencia

Imaginemos una organización que trabaja en juventud, salud mental, derechos sexuales y justicia climática. Cada programa tiene su propia lógica, su propio lenguaje y su propio equipo. Sin una Estrella del Norte Narrativa, cada área comunica por su cuenta, se priorizan mensajes aislados y se refuerza la idea de que «la organización hace de todo». Pero si, en cambio, acuerdan una narrativa profunda como «el derecho a imaginar y cuidar futuros dignos para todas las personas», cada programa puede construir mensajes desde ahí: salud mental como condición para imaginar futuros, justicia climática como defensa de un futuro posible, derechos sexuales como ejercicio de dignidad y autonomía. Así, la diversidad se convierte en coherencia estratégica.


Contar con una narrativa alineada facilita enormemente la creación de contenidos dirigidos a públicos diversos, ya que tener una base discursiva común permite adaptar mensajes a distintos formatos, medios o audiencias sin perder coherencia ni fuerza. Es como trabajar con una brújula compartida: cada equipo puede tomar su propio camino, pero todos avanzan en la misma dirección.

Vale la pena detenerse a imaginar: ¿cuál es la narrativa profunda que podría alinear todas nuestras acciones, sin importar el tema, el territorio o el formato? Hacer ese ejercicio no solo fortalece la comunicación, también redefine el rumbo estratégico de una organización.

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