PISA deja una señal entre las malas notas: jóvenes mexicanos quieren actuar por el ambiente

Los resultados de PISA 2025 dejan una lectura preocupante sobre los aprendizajes de los adolescentes en el mundo, y en México el panorama es especialmente duro. Entre esos resultados también aparece una señal alentadora: el interés de muchos estudiantes por involucrarse en el cuidado del medio ambiente. Para las organizaciones que trabajan en este campo, esa disposición ofrece una oportunidad para revisar cómo se comunican con ellos y qué vías de participación les ofrecen.

Entre los estudiantes mexicanos de 15 años, el 85% dice estar interesado en contribuir a proteger el ambiente desde su futuro trabajo, frente a un promedio de 62% entre los países de la OCDE. El 83% considera que puede generar un impacto positivo y el 86% confía en que la acción colectiva puede contribuir a resolver los problemas ambientales.

Estos datos sugieren que, para una parte importante de los estudiantes, el interés por el medio ambiente ya existe. Pero esa disposición convive con una carencia que no podemos pasar por alto: solo el 50% alcanza al menos el nivel básico de competencia en ciencia ambiental, frente al 74% en promedio en la OCDE.

Es decir, los estudiantes mexicanos están por encima del promedio de la OCDE en el interés por contribuir al cuidado del medio ambiente y por debajo en las competencias para comprender sus problemas desde la ciencia. El interés está ahí; hace falta fortalecer los conocimientos y capacidades para traducirlo en acciones informadas.

La diferencia es clave porque PISA 2025 no observa únicamente cuánto saben los estudiantes sobre medio ambiente, también aborda la agencia ambiental: cómo se relacionan esos conocimientos con las actitudes, la confianza en la propia capacidad de generar cambios y las oportunidades para participar.

Desde esta perspectiva, querer contribuir es una pieza importante, pero no la única.

Una persona puede preocuparse por el cambio climático y no comprender suficientemente algunas de sus causas. Puede creer que es posible generar un cambio y no saber cuáles acciones tienen mayor impacto. Puede querer participar y no encontrar espacios para hacerlo. O puede contar con información y, aun así, enfrentar barreras económicas, sociales o institucionales que dificultan la acción.

En México, el 75% de los estudiantes dice saber cómo trabajar con otras personas para generar un impacto ambiental positivo, por encima del 68% promedio de la OCDE. Esa confianza es otro punto de partida, aunque no demuestra por sí sola que cuenten con las capacidades necesarias para hacerlo.

Por eso, además de atender las carencias de conocimiento, a quienes toman decisiones de comunicación en las organizaciones les toca preguntarse: ¿qué necesitan los estudiantes que ya muestran interés para comprender mejor los problemas ambientales y encontrar formas de participar?

Qué les toca a las organizaciones

Durante años, una parte importante de la comunicación ambiental se ha enfocado en hacer visible la gravedad de la crisis climática, generar conciencia y convencer a las personas de que necesitamos actuar. Ese trabajo sigue siendo necesario, pero los resultados de PISA invitan a las organizaciones a revisar qué ofrecen a quienes ya muestran interés. Para estos públicos, las campañas pueden hacer más que insistir en la importancia de cuidar el ambiente.

Si el interés ya existe, la comunicación podría enfocarse en:

  • Ayudar a comprender los problemas ambientales, sus causas y consecuencias
  • Explicar conocimiento especializado con claridad y rigor
  • Ofrecer criterios para valorar qué acciones pueden tener mayor impacto y por qué
  • Conectar a las personas con organizaciones, comunidades e iniciativas en las que puedan participar

Esto exige decidir qué esperamos que las personas comprendan o puedan hacer después de una campaña, y cómo sabremos si lo conseguimos.

Esto no significa que la comunicación pueda resolverlo todo. Tener información no elimina la falta de recursos, las desigualdades ni las barreras institucionales que dificultan la participación. Las organizaciones necesitan considerar esas condiciones al proponer acciones a sus públicos.

Pero sí podemos revisar si nuestras campañas se concentran en conseguir que una causa importe o si también ofrecen herramientas y espacios de participación a quienes ya muestran interés.

En el Día Internacional contra el Cambio Climático, los resultados de PISA ofrecen una razón para la esperanza y una tarea concreta para las organizaciones: reconocer esa disposición y revisar cómo acompañarla. Para quienes toman decisiones de comunicación, esto implica preguntarse qué pueden ofrecer a esos estudiantes para que comprendan mejor los problemas, decidan cómo involucrarse y encuentren dónde hacerlo.

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