Biomimética: lo que la naturaleza nos brinda para lograr cambios

Los animales, las plantas, los microbios han descubierto qué funciona,
qué es apropiado y, lo más importante, qué perdura aquí en la Tierra

Janine Benyus (1997)

Recientemente leí el nuevo libro de Vinciane Despret, una de mis filósofas favoritas: Habitar como pájaro, donde argumenta que debemos aprender sobre cómo otras especies viven y sienten el territorio. Los pájaros, por ejemplo, experimentan relaciones y dimensiones que nosotros no, dado sus particulares alturas, desplazamientos, recorridos, permanencias y melodías. De la misma forma, otros seres —el que imagines— abren diversas dimensiones, enriqueciendo el mundo.

¿Podría suceder lo mismo tratándose de luchas sociales? ¿Habrá algo que no estamos pensando para lograr un cambio social positivo que la “naturaleza” podría enseñarnos? ¿Qué dimensiones se abren si entre nosotres nos encontramos como animales?

La biomimética es la emulación consciente de la “naturaleza” e implica acudir a ella porque sabe cómo hacer la vida mejor. Se usa comúnmente para innovar tecnologías, diseños y construcciones, orientando la materialidad hacia la sustentabilidad. Sin embargo, puede ser mucho más que eso; puede ser una propuesta epistemológica y política en la que emulemos comportamientos —entendidos como posturas respecto de algo y no solo como “hacer esto o aquello”—, cuidados, formas de poder y jerarquías que nos permitan abrir nuevas dimensiones a los movimientos sociales.

Hace poco tuve, además, la oportunidad de asistir a la conferencia “What would nature do?” Biomimicry for thriving organizations and movements”, cuyo objetivo era mostrar que el futuro es colaborativo y que podemos mejorar nuestras formas de colaborar si prestamos atención a otras especies. Por ejemplo, los gansos canadienses en su formación en V al momento de migrar siempre tienen un líder que, cuando se cansa, pasa a otro el liderazgo. Con esto pienso en una lucha fluida cuyo poder pueda definirse y redefinirse constantemente y con flexibilidad, según la posibilidad de sus miembrxs, sin perder dirección y potencia.

Están asimismo los pingüinos emperador, los cuales nos enseñan que sobrevivimos a la adversidad gracias al cuidado de unx al tiempo que somos responsables del cuidado del otrx. Las abejas, que buscan vivir en conjunto y me hacen preguntarme si habitar como categoría política es, más que un acto individual, uno colectivo. La alianza estratégica entre cuervos y lobos, donde los primeros atraen con sus graznidos a los segundos cuando hallan un cadáver, para que lo abran y les dejen los restos, y que me lleva a pensar en que la potencia del movimiento está en las interacciones. Y, por último, las hormigas.

Estas son un modelo a seguir por su excelente capacidad de coordinación, comunicación mutua como equipo y compromiso total hacia el bien colectivo. Además, algo que admiro de ellas es cómo trabajan en un equipo multidisciplinar. En un mismo hormiguero hay diferentes rangos (obreras, recolectoras, soldado y la reina), siendo curioso que tal rango y sus diferentes roles se determinan según las particularidades de cada una. Así veo nuestro equipo en otromexico, sc: hay gran variedad de formaciones e intereses dentro de los miembros del equipo, y en conjunto nos complementamos para balancear nuestras carencias individuales.

Ahora bien, aparte de que las formas de colaboración son algo que podemos aprender del resto de las especies, hay otro elemento fundamental de la biomimética: saber que todo movimiento tiende a la vida, es decir, que “todas las especies que han evolucionado a través de millones de años, son sobrevivientes. Imaginativas por necesidad, han resuelto los problemas que vivimos. El universo es competente y el planeta es brillante” (Janine Benyus, 2002). Es por esta razón que si aplicamos una escucha activa y aprendemos de los seres que naturalmente han aprendido a sobrevivir, comprenderemos un nuevo modo de vivir en la Tierra.

Al final, lo esencial es que si emulamos esta tendencia de vida, por lo menos empezaremos a cuestionar dinámicas, relaciones, categorías y sistemas completos que nos privan de ella; sería un primer momento en el que nos demos cuenta que las estructuras que nos rigen de forma colectiva suelen tener la muerte de todo como fundamento.

Aprender de los animales y la naturaleza no es nuevo, pero sí el campo al que aplicamos estos aprendizajes. La naturaleza nos ha enseñado a innovar el diseño y la arquitectura, pero puede ser igualmente nuestra fuente de conocimiento para mejorar a la humanidad misma.

Comparte:

Recibe nuestro boletín mensual, ¡suscríbete!

También te puede interesar: